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sábado, 14 de marzo de 2015

Birdman (o por qué las marcas tienen que ser coherentes en sus mensajes)

Una película coherente en fondo y forma.
Birdman fue la ganadora de los Oscar de este año. No sé si realmente era la mejor película de todas las que se presentaban. Para mí, sin duda, es una de las grandes películas que he visto en los últimos tiempos.

Brevemente para el que no sepa de que va la película y sin spoiler. Michael Keaton interpreta a un actor que en el pasado protagonizó tres películas muy taquilleras en las que daba vida a un superhéroe: Birdman. (Supongo que hasta aquí os suena.) Sin embargo, y pese al éxito conseguido, en la madurez de su carrera quiere ganarse el respeto del público más exigente poniendo en marcha una obra de teatro en Broadway.

Si por algo me gustó fue porque hacía tiempo que no veía una película tan acabada. Una obra en la que el fondo de la historia se plasmara perfectamente a través de la forma de la misma. Es decir, una película coherente consigo misma. Algo que, aunque parezca que debe ser evidente, no es tan habitual. En este caso, el mensaje de la historia es entendido a la perfección y en gran parte es porque la forma ayuda a transmitir dicho mensaje. Tres ejemplos claros de la película que son todo un acierto por parte del director a la hora de llevar a escena el guión que él mismo escribió.

1) La elección de Michael Keaton para interpretar a un actor que alcanzó el éxito con una película de superhéroes pero que por lo demás tampoco es reconocido como un actor especialmente bueno es brillante. ¿Por qué? Porque es la verdad. Porque el director ha decidido coger a un actor (y éste ha sido valiente para interpretarse “a sí mismo”) que encarna perfectamente a su personaje, que le puede entender. Pero también porque el público en cuanto lo ve hace la conexión automáticamente. El director rompe en cierto modo la cuarta pared para hacer un guiño de complicidad al espectador. Deja que sea el espectador quien complete la historia que falta con elementos que, por otra parte, ya conoce o puede suponer basándose en la historia real de Michael Keaton, no en la de su personaje.

2) La película está realizada a base de largos planos secuencia en los que seguimos a los personajes por las bambalinas del teatro, las calles de broadway o el propio escenario de la obra. Que una obra que habla de teatro y que en cierto modo defiende un cine de actores más que de "maniquíes" deje espacio a los actores y les ceda gran parte del protagonismo tiene todo el sentido del mundo. Por eso crea largas escenas sin corte alguno en las que son los actores los que están solos frente al público como podrían estarlo en directo actuando en una obra de teatro (con las lógicas diferencias que ofrece uno y otro medio).

3) Las metáforas visuales que tiene la película son tan grandes que son capaces de hablarte de los sentimientos más profundos de la forma más clara posible, a través de una imagen o un sonido. Y ejemplos a lo largo de la película hay cientos. El sonido del corazón del protagonista interpretado por una potente batería; el laberíntico y claustrofóbico teatro en el que vive encerrado como un pájaro en su jaula; o la liberación que supone al protagonista desnudarse frente al mundo (literalmente) para ofrecer una interpretación sincera.


¿Qué tiene que ver esto con la comunicación de marca?


Más allá de los gustos cinematográficos de cada uno (he leído y escuchado críticas feroces a la película) Birdman creo que es un ejemplo de cómo debería ser la comunicación de una marca. Al menos de una que crea en la importancia de ser coherente consigo misma. Y con ello me refiero a que la forma en la que expresamos el mensaje esté en línea con lo que queremos transmitir de fondo. La forma debe contribuir a comunicar de forma más clara el fondo de nuestro mensaje. Son dos caras de una misma moneda y por tanto van unidas. Por ejemplo, ¿nos imaginamos una presentación de Apple detrás de una mesa presidencial y repartiendo folletos en papel de su último producto? ¿Verdad que no tendría sentido?

Otra cosa que debemos aprender de esta película para aplicar a las marcas es que, una vez encontrada una forma que ayuda a transmitir nuestro mensaje y que es coherente con el fondo del mismo, debemos ser valientes y apostar por ella y mantenerla. Renunciar a esa forma en favor de otras más convencionales, más estándar, más para el gran público... es traicionar a tu propio mensaje y caer en la incoherencia.



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viernes, 6 de marzo de 2015

Hitchcock te puede ayudar a comunicar un cambio

La vida es cambio y sin embargo a ninguno nos gustan los cambios, al menos aquellos que no dependen de nosotros. Ante un cambio nuestra mente empieza a funcionar a toda velocidad y cruzan por nuestra imaginación miedos, incertidumbre, posibles modificaciones de mi rutina, cosas desconocidas terribles que van a pasarnos... Un horror vamos. Y sin embargo los cambios son inevitables.

Alfred Hitchcock, el Maestro del suspense. Casi ná.
Pongámonos en la situación en la que somos responsables de una marca y tenemos que comunicar un cambio a nuestros clientes. Ese cambio puede ser un cambio de nombre, un cambio en el producto que vendemos, un cambio de localización, etc. Pues bien, ante este cambio hay marcas a las que les gustan las películas de sustos tipo Scream y otras marcas a las que les gustan las películas de suspense como por ejemplo Con la muerte en los talones o cualquier otra de Hitchcock.

Me refiero a Hitchcock porque era conocido por el apodo de "el Maestro del suspense". En el libro El cine según Hitchcock (más que recomendable para cualquier amante del cine) el director británico explica mediante un claro ejemplo lo que es el suspense y su diferencia con el susto.

"La diferencia entre el suspense y la sorpresa es muy simple y hablo de ella muy a menudo. (...) Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de esta mesa y nuestra conversación es muy anodina no sucede nada especial y de repente: bum, explosión. (...) Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe (...) El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: "No deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a estallar". En el primer caso se han ofrecido al público 15 segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido 15 minutos de suspense. La conclusión de ello es que se debe informar al público siempre que se puede, salvo cuando la sorpresa es un "twist", es decir, cuando lo inesperado de la conclusión constituye la sal de la anécdota."
El cine según Hitchcock. François Truffaut
Supongo que ahora queda un poco más claro a qué me refería antes con lo de las marcas amantes de los sustos. Y es que aunque parezca increíble hay marcas que comunican sus cambios sin ningún tipo de anestesia ni nada por el estilo. Por el contrario, hay otras que realizan una serie de acciones que generan suspense en el espectador, es decir, en su cliente.

Tal vez la táctica más conocida en este sentido es lo que se llama teaser. El teaser consiste en anticipar fragmentos pequeños de información sobre el cambio que va a venir que van in crescendo hasta el día D fijado para el cambio en cuestión. No sólo se utiliza para comunicar cambios sino también novedades como estrenos de películas (aunque esto no deja de ser un cambio, antes no estaba la película y ahora sí).

A fuerza de ver este tipo de comunicaciones los clientes ya están (estamos) más que educados y en cuanto las detectamos sabemos que algún cambio viene en camino. Por eso, es importante que los teaser y posteriores comunicaciones vayan encaminados a favorecer el cambio que va a venir y no a generar más estrés en nuestro cliente. Por ello será conveniente que los mensajes vayan orientados a: tranquilizar sobre el cambio que va a venir, hacerle ver lo que gana con el cambio, ofrecerle ayuda durante todo el proceso de cambio, etc.

Crear ese suspense en el cliente a través de los teaser tiene para mí dos grandes ventajas:

  • Por un lado reduce el impacto negativo del cambio que va a venir. Al menos, casi seguro que es menor que el que provocaría el cambio de la noche a la mañana.
  • Aumenta la predisposición de los clientes frente a lo que va a venir. Prepara el camino e incluso en el mejor de los casos crea el deseo porque llegue el cambio cuanto antes.

¿Y no es más probable que una persona que está deseando que llegue el cambio cuanto antes sea más proclive a aceptarlo que otra persona a la que el cambio coge en frío y sin avisar?

Así pues, si eres una marca y tienes que comunicar un cambio te recomiendo que veas alguna de esta películas antes de llevarlo a cabo: Vértigo, La ventana indiscreta o La soga. No te dé miedo avanzar información sobre el cambio que va a venir. Lo que sí debe preocuparte es darle un susto a tu cliente.


Nota final: Escribo todo esto justo en la semana en la que Coca-Cola ha anunciado y presentado completamente por sorpresa los diseños de sus nuevas latas de refresco. Eso sí, primero lo lanzan en España y luego en el resto de países. (Siempre y cuando esto no termine como con "la nueva Coca-Cola").


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lunes, 24 de noviembre de 2014

El acorazado Potemkin

Cuando hace años empecé a leer y a interesarme por la historia del cine aparecía siempre una película mítica en todas las listas... El acorazado Potemkin de Eisenstein. Casi da vergüenza decir que no la vi hasta hace unos meses pero la verdad es esa. Y visto lo visto me alegro de no haberlo hecho hasta ahora. Y no lo digo porque la película sea mala, todo lo contrario. Pero pienso que es importante haber visto abundante cine para darte cuenta precisamente de la modernidad de esta película. Unas tomas espectaculares, un ritmo frenético para esa época (y casi que también para hoy en día), secuencias míticas como la de la famosa escalera y otras muchas igual de poderosas...

Creo haber leído en algún sitio que Billy Wilder dijo que era la mejor película que había visto en su vida. Pues no sé si es la mejor pero desde luego es el ejemplo maestro del que han bebido y siguen bebiendo muchas de las películas que se hacen hoy en día. Eso sí, si te animas a verla te diría que tuvieras en cuenta lo siguiente:

  1. La película es de 1925 (sí, hubo una época en la que las películas eran mudas)
  2. Mira la película con la mente abierta y sin prejuzgarla
  3. Compárala con alguna de las últimas películas de estreno que hayas visto
  4. Extrae tus propias conclusiones y escríbeme de nuevo para darme la razón o para mandarme a Siberia



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